Tatuajes sonoros

«Un tatuaje sonoro es un dibujo en el que puedes almacenar un recuerdo auditivo y visual. Esa voz la podrías llevar en el teléfono igual, no hace falta que te la grabes en la piel. Pero así la persona siente que la lleva encima», explica la tatuadora Cristina De Miguel mientras sujeta el brazo de Ana y lo coloca con cuidado debajo del haz de luz blanca de un flexo. Con unos guantes de silicona negros comienza a introducir el cartucho en un pequeño bote de tinta.

Para hacerse este tipo de tatuajes, que tienen un precio de 232 euros, lo primero que hay que hacer es subir el audio a la página web Skin Motion. La grabación debe tener una duración máxima de 30 segundos, aunque en el estudio recomiendan que no supere los 15: «Cuanto más corta es la onda, más estética». La de Virginia y Ana tan solo dura siete segundos, pero les basta para saber que tienen a su madre cerca.

Después, Skin Motion asocia el audio a una forma de onda, que el propio usuario puede moldear a su gusto. «Cuando le dan el ok, el cliente me manda la onda. La vemos juntos, valoramos las posibilidades estéticas que hay y se la grabo», afirma Cristina al tiempo que la pistola de tinta penetra en la piel de Ana y dibuja varias rayas en su antebrazo. Tanto ella como Virgina han escogido lo que Cristina llama «una onda tradicional», es decir, formada por rayas paralelas. Pero los diseños van desde ondas huecas a algunas con sombras o colores en su interior.

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